lunes, 18 de febrero de 2013

Mempo Giardinelli (1947), La revolución en bicicleta, 1980

En esta novela, publicada originalmente en 1980, se advierte una muestra de lo que Seymur Menton ha venido a llamar nueva novela histórica, fundamentada en un amplia documentación pese a las transgresiones voluntarias del método historiográfico. La ficcionalización de la historia resulta, a la postre, la otra cara del realismo mágico del Boom. Nada que ver con la reconstrucción mítica de un pasado histórico con su consabida genealogía que encontramos en Cien años de soledad. Aquí el personaje es de carne y hueso, un individuo si no normal, ya que carga a cuestas una experiencia vital bien curiosa y llena de avatares, sí real, pues está basado, como se advierte en el comienzo del libro, en un individuo real al que Mempo Giardinelli conoció en su infancia.

A Mempo se le incluye generalmente en la generación del exilio argentino, sin embargo, esta novela, cuya publicación fue una de las causas de que tuviera que abandonar Argentina, fue escrita antes de ese exilio. Curiosamente, uno de los temas más importantes de la novela es el exilio, particularizado en este caso en el personaje del mayor Bartolo, militar de carrera en el Ejército paraguayo e incansable revolucionario en perpetua conspiración para derrocar a los sucesivos regímenes totalitarios de su país.

En esta novela, la militancia revolucionaria se presenta como un estilo de vida, una vocación que está sobre todas las cosas: por poner un ejemplo, cuando su mujer le pregunta qué es más importante para él, si la familia o la revolución, el Mayor le responde que la familia, para él, forma parte de la Revolución. Por lo tanto, los asuntos mundanos que afectan a cualquier hijo de vecino, la subsistencia material, el asegurar un futuro confortable para su familia, no tienen en el Mayor más que la forma y el color un tanto indefinidos de un retiro momentáneo, necesario para restablecer toda la red de contactos que facilitará un nuevo intento subversivo, un nuevo asalto al poder.

Situado en la región fronteriza del norte de Argentina, separado de su país natal sólo por un río que puede cruzar a su antojo gracias a los mismos contrabandistas que habitualmente hacen ese recorrido, el Mayor se ubica, pese a esporádicos periodos en otras partes de Argentina –como Buenos Aires–, en la ciudad de Resistencia, de la Provincia del Chaco, región que históricamente ha contado con habitantes de origen paraguayo dada su cercanía con la frontera. Este personaje resulta entrañable, humano, real, aparece caracterizado como un militar, con todo lo que esto implica, y con ciertas características de la cultura tradicional paraguaya, machista, como advertimos en ciertos pasajes del libro, pero a la vez sensible, como se desprende de los diálogos y las discusiones que tiene con su mujer, que encarna, ella misma, una interesante contradicción: pese a que continuamente le reprocha la vida que llevan por culpa de su actividad revolucionaria, hacia el final del libro reconoce que desea que su marido lleve a cabo la Revolución, pese a que eso los condene a vivir en el peligro y en permanente pobreza.

El reflejo histórico en la novela se traduce en dos planos narrativos, uno, el presente, que en este caso debemos situar en torno a 1976, unos años antes de la publicación del libro, donde un narrador en tercera persona sigue los movimientos a lo largo de una jornada del Mayor, que vive en el exilio en una inquietud constante, entre las amenazas de muerte y una ansiedad creciente a la espera de un encuentro que no llega: un nuevo contacto para retomar la invasión de su país. Este plano narrativo se estructura en cuatro partes: La mañana, La siesta, La tarde y La noche. En cada una de esas partes se intercala el otro plano narrativo, en el cual el personaje va contando en primera persona los avatares de su existencia hasta el momento actual, desde su infancia hasta enlazar con el plano narrativo del presente.

El Mayor, con un estilo marcadamente oral, lleno de expresiones coloquiales y con un ritmo que emula el de la conversación coloquial, de frases cortas y estructuras sintácticas truncas, completamente diferente del estilo del narrador en tercera persona del otro plano narrativo, cuenta su propia historia: comienza hablando de su infancia, en el seno de una familia pobre, allá por los primeros años de la década de 1910, describiendo con breves pinceladas el Paraguay de la época, devastado por la Guerra de la Triple Alianza, un país diezmado en el que casi no hay hombres, sino mujeres, niños y ancianos. En ese contexto, la procreación es una suerte de militancia patriótica, pese a que por efecto de la pobreza, una gran cantidad de niños no alcancen la edad adulta. Se describe también la religiosidad y el folclore paraguayo con motivo de la peregrinación que toda la familia lleva a cabo en un carro, imagen que nos remite a la posterior imagen de pobreza del propio Mayor con su familia, recorriendo Argentina en un camión.

De todos sus hermanos, Bartolo, por ser el de más edad, será el único que viaje a Asuncion para estudiar. Pero a su llegada a la capital, el niño empieza a ser consciente de la realidad de su país: un país de estructura militar, donde conviven en relativa armonía una minoría de ricos y privilegiados, y una legión de pobres. Un país sin estructuras ni servicios, sin carreteras, sin puentes, sin escuelas. Pese a la fuerza de la tradición paraguaya, donde, según el propio personaje, la población pobre ha interiorizado como natural su propia dominación, Bartolo comienza a observar signos de un ambiente convulso. El año de su viaje es 1930, en la antesala de otra de las grandes guerras de la Historia de Paraguay, la Guerra del Chaco, contra Bolivia. Esa guerra, que va de 1932 a 1935, produce un importante fervor patriótico en el país, pese a la gran cantidad de muertes. El joven Bartolo, que por su edad (15 años) no puede alistarse, contempla a los soldados y queda prendado del mundo militar, así que al final de la guerra consigue alistarse en el Ejército comenzando así su carrera militar.

A partir de ese momento resulta de vital importancia la conciencia popular de Bartolo, él sabe que pertenece al pueblo, a la gran masa de explotados, y pese a su juventud, que lo empuja a vivir la vida despreocupadamente, y a su inestabilidad ideológica (entre los sectores de derecha y de izquierda), su ideología describe un arco que progresivamente lo lleva a abrazar los ideales marxistas. De manera que, pese a la rígida estructura militar del Ejército, que intenta borrar el espíritu crítico de los soldados, nuestro personaje se inclina a pensar por sí mismo, a analizar al pueblo al cual siente que, sobre todas las cosas, se debe como militar. Gracias a sus méritos será promovido al cargo de teniente y lo desplazan al importante destacamento de Concepción, donde vuelve a ser promovido a capitán, y desde donde orquestará la Rebelión de 1947, iniciándose así la gesta que constituye el núcleo de la novela. Una gesta condenada al fracaso, pero que sienta un precedente en la existencia del, ahora ya, mayor Bartolo, quien no podrá abandonar nunca la idea de derrocar al poder establecido en Paraguay para establecer una democracia.

Una vez fracasada la Rebelión, la lucha revolucionaria se transforma sensiblemente, y se convierte en una guerra de guerrillas, no exactamente al estilo de la Revolución cubana, pero con muchas de sus características. Los planes revolucionarios se gestan entonces desde el exilio, pero dependen de ciertos contactos en el seno del Ejército paraguayo. Una y otra vez, los sucesivos intentos del mayor fracasan, bien por delaciones, por la desorganización o por el ambiguo papel del gobierno Argentino, que apoya o no las rebeliones según le convenga.

La estructura narrativa de La revolución en bicicleta pone en juego la ambivalencia de la vida de Bartolo, quien pasa de rozar la presidencia de Paraguay a deambular en la absoluta pobreza por Argentina, es decir, su vida se agita entre dos polos aparentemente irreconciliables que, sin embargo son la cara y la cruz del héroe revolucionario, entre la gloria militar y la cruda realidad de un exiliado casi sin recursos, lo que demuestra la fragilidad de la historia, el hilo de cabello que separa a la revolución triunfante del fracaso más absoluto, y refleja la idea de que la Historia la escriben los vencedores, quedando los vencidos olvidados en el mejor de los casos, torturados y muertos en el peor.

Esta novela constituye también, un testimonio, como se acalara al principio del libro, pues el autor, basándose en un personaje histórico real, por medio de la ficción, le devuelve la voz para que cuente su propia historia. Esto implica una serie de mecanismos estilísticos que en la novela son utilizados de manera magistral: el personaje, que cuenta su propia historia, posee un carácter idiosincrásico, humano, con su propio idiolecto –una mezcla de expresiones paraguayas y argentinismos–, y su fuerte personalidad se refleja no sólo en su faceta de militar, sino en sus relaciones familiares, tanto con su mujer como con sus hijos. Es un mujeriego, aunque los años y los avatares bélicos lo hayan aplacado un poco en este sentido, sufre de diarrea crónica porque vive en la continua ansiedad que le provoca la inminencia de una nueva rebelión, y, en el fondo, aunque siempre estén discutiendo, ama y respeta a su mujer.

Uno de los grandes logros de esta novela, por lo tanto, además de la excelente descripción de las conspiraciones revolucionarias, o más bien integrada a está descripción, es la construcción de un personaje amable, odiable, humano, al fin y al cabo, presa de sus propias contradicciones, cuya gran pasión es de índole ideológica, cuyo único objetivo en esta vida es instaurar la democracia en su país, aunque ello provoque su muerte.

En otro orden de cosas, no podemos dejar de notar la cercanía de esta novela a una novela anterior, Hijo de hombre, de Augusto Roa Bastos, que describe el periodo histórico inmediatamente anterior al de La revolución en bicicleta. Hijo de hombre recrea con gran lujo de detalles la Guerra del Chaco, y La revolución en bicicleta retoma la narración en ese punto y cuenta los acontecimientos que siguieron. El estilo es muy diferente, pero ambas novelas tienen similitudes. La revolución en bicicleta está escrita con mayor sencillez, y su trama no es tan complicada, desarrollándose, como vengo diciendo, en dos planos narrativos, cada uno de ellos desenvueltos de manera cronológica, mientras que Hijo de hombre pone en juego una multiplicidad de espacios y personajes, cada uno con su propia trama, con retrocesos y avances, pero ligados de manera magistral. Podríamos decir que entre Yo el supremo, Hijo de hombre y La revolución en bicicleta se recrea una gran parte de la historia de Paraguay; Magistrales novelas históricas, cada una de ellas con su propia configuración estilística.

Por último, cómo no detenernos unos instantes en reflexionar acerca del papel de las bicicletas en esta novela. Las bicicletas, como el propio personaje nos dice, están presentes en toda su vida, desde su infancia, cuando de todos sus hermanos, él es el único que puede usar la bicicleta de su padre. Es el primogénito, el único a quien el destino le permitirá estudiar y salir del ámbito rural, un destino que, como él mismo dice, puede ser muy enrevesado, ya que lo que a priori es positivo, se puede convertir en una maldición, mientras que la opción contraria puede llevar a la tranquilidad de una vida sosegada.

Las bicicletas están presentes también en su llegada a la ciudad, con ella recorre Asunción, observando la realidad de manera crítica, siempre situado en la perspectiva del pueblo, y en bicicleta se trenzan las alianzas, se conspira y se establecen contactos. La bicicleta está presente en su vida hasta el final, pues en el exilio, sin grandes recursos económicos, es su principal medio de locomoción. Las bicicletas, desde un punto de vista simbólico, remiten en esta novela al origen popular, al pueblo, estracto social al que Bartolo no deja de pertenecer. Las bicicletas, por último, obligan a un contacto directo con la realidad. Por otra parte la bicicleta, en el sentido que adquiere al contraponerse a la guerra y la revolución, remite a la inconsistencia o poca adecuación de las capacidades militares. Además, se trata de una guerra «de andar por casa», doméstica, característica de la idiosincrasia nacional.

2 comentarios:

Sylvia Arcuri dijo...

Tengo un cariño muy grande por eso libro y este autor, fue la primera novela que he leído en español cuando vivía en Quito.

Novela que apresenta un momento histórico interesante.

rosy goldman dijo...

En qué librería se lo pude encontrar?
Gracias

Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1964), Philip K. Dick

Según Emmanuel Carrere, en la biografía novelada que escribió sobre Philip K. Dick, la obra de este escritor está determinada por un princip...